viernes, 24 de abril de 2015

Indiana Jones and the Last Crusade (1989)

Tipo: Aventura gráfica
Año: 1989
Estudio: Lucasfilm Games
Multijugador: No
Puntuación: 4

Durante más de una década, Lucasfilm Games (posteriormente Lucasarts) definió y pulió el concepto moderno de aventura gráfica, desterrando al olvido definitivo las farragosas aventuras conversacionales y los comandos por teclado. Fue un proceso con el que no cargó en solitario (Sierra, por ejemplo, también contribuyó a ello), pero los muchachos de Lucasarts supieron añadir humor e ingenio a sus aventuras gráficas; eran juegos que apetecía jugar, y no sólo superar. Y entre ellos, el primer gran éxito fue Indiana Jones and the Last Crusade, cuya aparición coincidió con el estreno de la tercera película de la saga (que como todos sabéis también alcanzó la gloria, en su caso cinematográfica).

Es cierto que el primer juego de Lucas en apostar por este enfoque y usar el interfaz SCUMM, con el que sólo necesitamos usar el ratón, fue Maniac Mansion (1987). Pero aunque ese videojuego cosechó buenas críticas y se granjeó un culto de seguidores (y de paso se vendió bastante bien), no supuso una verdadera ruptura que atrajera nuevos jugadores al género, como sí hizo Indy 3. Eso no quiere decir, por supuesto, que este sea un juego perfecto. Muy al contrario, adolece de ciertas rémoras típicas de los primeros point & click y otras particulares de este título, como veremos a continuación.

Este hermano se conserva mucho
peor que el otro. Sería el mayor.

Como era de esperar, la historia sigue a grandes rasgos los pasos de Indiana en la búsqueda de su padre y del Santo Grial. No obstante, los diseñadores decidieron dejar fuera secciones enteras de la película, algunas muy significativas como la búsqueda de la cruz de Coronado (inicio de la peli, que sólo se intuye en los títulos de crédito del juego), la persecución por los canales de Venecia o la lucha en el desierto. Seguramente se pensó que meterlo todo en un videojuego de la época (con sus disquetes de 3.5") era inviable, o tal vez no daba tiempo a más antes de que el film llegara a los cines. Por lo menos el comienzo es bastante fiel a la trama cinematográfica, con los problemas con el alumnado de la Universidad Barnett y la reunión con Donovan. A partir de Venecia, sin embargo, los parecidos son meramente circunstanciales hasta que alcancemos las tres famosas pruebas finales, que sí recuerdan bastante a la peli. Pero vayamos por partes.

"Ah, me encanta Venecia". La primera sorpresa para el jugador incauto es que las catacumbas donde reposa el caballero templario son, verdaderamente, un laberinto, con algunas pocas habitaciones sueltas aquí y allá. Si descubrir lo que hemos de hacer es ya de por sí complicado, los continuos viajecitos en perspectiva cenital lo hacen mucho peor. Por desgracia, esto no va a ser una excepción: tanto en el castillo Brunwald (donde está encerrado Henry Jones Sr.) como en el zepelín en el que padre e hijo huyen de Alemania, las secciones laberínticas cobran protagonismo sobre lo que consideraríamos una verdadera aventura gráfica, y la mayor parte de la trama se diluye por el camino. Apenas usaremos objetos y opciones de la interfaz. Pero esperad, porque esa es otra...

Ay, la interfaz de verbos...

En efecto, la interfaz de comandos seguía siendo la clásica tabla de verbos situados bajo la zona gráfica, debajo de la cual aparece una lista textual (nada de iconos) de los objetos que llevemos en el inventario. Para que nuestro personaje haga algo debemos indicárselo construyendo una frase adecuada, pulsando para ello en un verbo, luego en un elemento de inventario o de pantalla, y en ciertos casos en otro objeto con el que interactuará el primero (por ejemplo, "Usar+palo+en guardia"). Engorroso, sin duda, y poseía demasiadas opciones que casi nunca se usaban durante la partida, como Viajar, Apagar, etc. Ay, cuánto quedaba aún para que pudiéramos manejarlo todo solamente con el click (izquierdo o derecho) del ratón en una zona de interés.

Heredada también de la época es la dificultad del juego. Es posible (perfectamente posible, de hecho) verse metido en un callejón sin salida porque no recogiste el objeto adecuado dos capítulos atrás. O morir por reaccionar demasiado tarde en una pantalla. O directamente no tener ni puñetera idea de cómo avanzar. Los diálogos esta vez son muy importantes, y pueden significar la diferencia entre progresar con elegancia o tener que partirnos la cara con todo cristo. Algunos son ya míticos ("vendo estas bonitas chaquetas de cuero"), pero por lo general descubrir el correcto era meramente cuestión de prueba y error, con la pérdida de tiempo que conlleva. Y mejor no hablamos de cómo saber cuál es el cáliz correcto al final del juego, ya que varía aleatoriamente de una partida a otra y las sutilísimas pistas que nos pueden informar al respecto están diseminadas a lo largo de capítulos previos (y por descontado es sencillo pasarlas por alto). Como además desde que llegamos al templo del grial no se puede grabar la partida, y si fallas hay que repetir desde que hieren a Henry Jones, en la segunda prueba os vais a acordar mucho de los Monty Python.

El juego tiene sus años, sí, pero tanto como 700...

Pero basta de quejas. Entre las virtudes y aspectos originales de Indiana Jones and the Last Crusade está precisamente esa posibilidad de elegir entre un camino "erudito" y otro de acción, con combates a puñetazos, para avanzar en la aventura. El juego posee además una especie de puntuación basada en lo bien que lo vayamos haciendo (llamada IQ, Indy Quotient), aspectos ambos que fueron incorporados también a su secuela, Indiana Jones and the Fate of Atlantis. Asimismo, la opción de cambiar de personaje activo (Indy o su padre) es interesante pero se aprovecha poco, sólo en un par de zonas. Con todo ello, sigue siendo un gran juego. No alcanza las cotas de un Monkey Island o un Day of the Tentacle, pero la semilla estaba plantada. Y su éxito económico ayudó sin duda a que esos otros videojuegos salieran a la luz.

Versiones

¡Y conocerás gente famosa!

Ahora mismo hay unas cuantas formas de jugar a Indy 3. Para esta reseña he usado la versión a la venta en Steam, que corresponde a la de gráficos VGA que salió en CD un tiempo después (la original era EGA, es decir a sólo 16 colores). Los gráficos son mucho más "bonitos", pero no aportan nada verdaderamente novedoso y el juego sigue siendo el mismo. Es más, hay quien se queja de los filtros aplicados para verlo a pantalla completa en un monitor actual. El sonido, por cierto, sigue siendo el horripilante altavoz interno del PC y como idiomas disponibles sólo está el inglés (a pesar de que el juego apareció en castellano en su momento). Si estas condiciones no os convencen, también podéis buscar los archivos originales del juego y volver a disfrutarlo con un emulador, como DosBox o ScummVM.

Similitudes razonables con...


Lego Indiana Jones: La Trilogía original

Lost Horizon

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